El jardín de las Delicias de El Bosco
Por Alexander Toro
Se puede decir que las ciudades lo tienen todo? La respuesta que a priori se viene a mi mente es que sí, naturalmente. Desde que el hombre dejo de ser cazador recolector y se entrego a la esclavitud de la agricultura, ha creado lo suficiente para entretenerse mientras cuida de su cosecha. La agricultura le exigió mucho al hombre, un cambio de postura corporal, seguridad para sus cultivos y una dedicación exclusiva, hasta el punto que le arrebato la libertad de andar el vasto mundo a cambio de la seguridad ante la hambruna y las sequías de sus cultivos.
A partir de esto, crecieron los conjuntos de casas y humanos casi uno sobre otros. Luego de todo esto, el dios dinero apareció y ya no hubo que moverse con las toneladas de cosechas de un lado a otro, sino que permitió tener la confianza de que a donde se fuera iba a ser bien recibido e iba poder intercambiar el dinero por alimentos, vestimenta o calzado, sin lo engorroso y arbitrario del trueque. Y así el hombre pudo salir y conocer como vivían otras personas, que comían, como vestían y se comportaban. Y aquí estoy, en Madrid, viendo que comen, como se visten y se comportan. Aunque curiosamente se me hace que cada vez veo menos españoles y muchos más visitantes!
Entre lo que vine a buscar a Madrid, esta en cómo los españoles en general se expresan y nada mejor que los museos para contar las historias con un orden, porque aunque no lo parezcan, los museos son meticulosamente dispuestos. Cada uno de ellos cuenta una historia fascinante y entre más ignorante se es, mas sorprendido se termina, y si que me he llevado una gran sorpresa!
Como no tenia mucho tiempo, estaba en una encrucijada para elegir cual de tantos museos quería visitar. Buscando en la red, se dice que Madrid tiene muchos de los museos más maravillosos del mundo, con colecciones de grandes artistas, en especial de sus artistas nacionales, que sobra decir, el mas conocido de ellos es Picasso.
Mi primer acercamiento con Picasso fue la obra Guernica, la cual aparecía en una imagen de un libro de Ciencias Sociales que usaba en la primaria y desde niño me fascino lo abstracto y caótico de la pintura. Después descubriría que se trataba del cubismo y surrealismo, solo un par de nombres técnicos para estilos que encajaban a la perfección para representar la total barbarie y destrucción que la aviación nazi, por mandato del dictador español Franco, infligieron sobre la pequeña ciudad de Guernica, no por su importancia económica y militar, sino por ser símbolo de la valentía y resistencia del pueblo Vasco y este bombardeo era el mejor mensaje cuando se pasa de las palabras a los hechos demenciales.
Así que me propuse ir al museo Reina Sofia donde esta exhibida esta obra maestra, después de haber estado a préstamo durante 42 años en el museo de Nueva York, ya que el maestro Picasso no quería que se exhibiese en España mientras hubiese una dictadura. Finalmente, la pintura regresaría en 1981.
Otro importante artista español del que tuve conocimiento, esta vez de forma casual fue Francisco de Goya, y con casual me refiero a que no estaba en ningun libro de primaria ni revista arte, sino que lo encontré en los almanaques de una conocida empresa papelera en Colombia, que año tras año imprimía calendarios con obras de los artistas más importantes.
Recuerdo que en el mes de Mayo, por allá en los años 90´s mostraba la Maja vestida y en Junio, la Maja desnuda, un poco crudo para un almanaque familiar, claro esta eran otras épocas, nada nos afectaba. Nuevamente revisando, descubrí que estas obras se encontraban en el Museo del Prado.
Calculando el tiempo de recorrido y por mi experiencia con una pasada visita al Museo de Louvre de París, mínimo se requieren 4 horas pies para conocer lo más importante de las colecciones, que caprichosamente en todos los museos, están en los extremos y pisos más lejanos unas de otras.
Y ahora tenia entre manos tomar una decisión y de alguna manera me incliné por Goya y por el museo del Nacional del Prado, y para mi sorpresa tomé la mejor decisión.

El Museo del Prado está ubicado en el Paseo del Prado, una doble calzada con un separador amplio y arborizado, iniciando en la famosa fuente de Cibeles, en la mitad de su longitud la fuente de Neptuno y finalizando se encuentra la tristemente celebre estación Atocha o al menos conocida por mi debido a los atentados del 11-M. El Paseo del Prado en si ya es una atracción turística, aunque a veces se me antoja un poco caótico, mas que otras partes de Madrid, quizás por el trafico de coches a una velocidad no tan común dentro de la M-30, la carretera circunvalar que rodea el núcleo urbano de Madrid, o por la cantidad de turistas que como yo saturan la metropolis al parecer cada año en más número.

La visita al museo inicia con la advertencia que no se puede usar cámaras fotográficas o celulares para hacer fotos o videos, cosa que permite concentrarse en las obras y evitar el daño por la continua exposición de luz ultravioleta de los flashes, y por que las explicaciones y narrativas que se pueden obtener en las visitas guiadas, quizás sean más inmersivas y estas distracciones pueden arruinar la experiencia de los visitantes.
El mejor consejo para afrontar la enormidad de los museos es realizar una visita guiada en donde sabes que no vas a recorrer todo, pero desde ya te evitas el desgaste de buscar las obras «relevantes» por ti mismo. Quizás puedas tener una obra a la vuelta de una pared y simplemente perderte lo mejor que un museo puede contar.
De esta maravillosa experiencia que fue visitar el Museo del Prado voy a contar mi experiencia en cuatro partes y cuatro obras maestras que generaron un impacto que sigue perdurando en mis sueños y realidad.
El jardín de las Delicias de El Bosco
No se si seremos afortunados o tal vez no de contar con la tecnología audiovisual como cámaras fotográficas o de video que han permitido reproducir la realidad tal cual es, sin emoción, imaginación y muchas veces sin más que interpretar o decir sobre una u otra imagen, pero es que las pinturas son tan expresivas, enigmáticas, metamórficas y con millones de significados según el observador.
Es claro que existen expertos en simbología, estudiosos y expertos en la materia o en un pintor en particular, que al parecer como todas las personas de ciencia parece que tuviesen la última palabra, pero la realidad es que las pinturas son contextuales y resonantes con el observador. No se puede decir que una es mejor que otra, pero el Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch (El Bosco) sí, esa si que es una pintura excepcional.
Imaginemos esta escena. Llegan los invitados al castillo de un noble, para ser exactos Enrique II de Nassau-Breda, miembro de la corte de los Habsburgo quién después de una cálida bienvenida, intercambio de bebidas y banquetes, ordenaba que el entretenimiento se centrara en los músicos, bailarines y bufones.
Pero tal vez, a la señal del bueno de Enrique, solo un selecto grupo se alejaba discretamente y se encontraban en un salón, un poco oscuro alumbrado por la luz de escasas velas, y de pronto una vela se acercaba a una pintura de gran tamaño, un tríptico (pintura de 3 piezas que se abre como una ventana) de lo que parecía una tierra plana con una cúpula de cristal, ya que erróneamente o no, esa era la concepción del planeta en ese entonces. También había escrito en la pintura junto al orbe un versículo Salmo 33:9:
«Ipse dixit, et facta sunt: ipse mandavit, et creata sunt» «Él lo dijo, y todo fue hecho; Él lo mandó, y todo fue creado.»

¡Y ahí está el bueno de Enrique, nos ha llamado a una clase de las escrituras! pensarían sus invitados. Y Enrique, con una sonrisa picaresca al abrir la tapa izquierda reveló… (sonido de tambores) Sí, la Creación. Y Ahí esta, mostrando el jardín del Eden, una figura típica de Jesucristo entregando a Adan una resignada Eva, animales por doquier, el árbol de la vida y un tímido búho representando al mal que siempre acecha en las sombras.

El Edén, la tapa izquierda del tríptico, El Jardín de las Delicias. Museo del Prado, Madrid, España
«Si, gran cosa!», pensarían sus invitados ya saturados del arte religioso y de los pretenciosos como Enrique que buscaban perpetuarse en el poder con el respaldo de los evangelios y su piadosa opulencia.
Y sin previo aviso, Enrique revelaría la tapa del medio. En este punto, me detengo a pensar, la cara de satisfacción picaresca y hasta triunfante de un Enrique que sabiendose poseedor y artifice de una obra de arte de semejante calibre, anticiparía todas las reacciones de los presentes.
El Jardín de las Delicias, con una exhuberante obsenidad, saturado de sexo, posiciones similares al kamasutra, material de piel humana, animales fantásticos, rituales y una cantidad de pecados placenteros que a mi parecer puede llegar a ser hasta nauseabundo, pero con el encanto y seducción del morbo que es imposible no seguir mirando y descubriendo cada detalle real y fantasioso expresado por El Bosco.
Muchas son las interpretaciones dadas a lo largo de la historia, algunas de ellas podrían ayudar a entender que quiso expresar El Bosco con esta obra, pero pienso que es en vano repetirlas en este espacio, y como dicen los autores cuando no se dejan invadir por el ego de tener la razón, queda a discreción del lector o en este caso del que tenga la fortuna de verla, llegar a sus propias conclusiones.

Me imagino que el admirar una obra con tanto detalle es el equivalente de ir al cine en nuestros días, y con esos mismos ojos de critico que todos llevamos dentro, los invitados de Enrique pudieron tener todo tipo de reacciones, algunas de ellas puedo llegar a suponer que negativas por el contraste tan abrupto que puede significar ver el Jardín del Edén y a Jesucristo y terminar viendo tal aberración.
Otros al contrario podrían haber soltado una carcajada jocosa por la sorpresa y proyección inesperada de las figuras desnudas experimentando todo tipo de placeres en una especie de orgía global, consecuencia de la inocente entrega entrega de Eva a Adán que escaló tal vez en algo que ni el mismo creador se esperaría.
Lo que en realidad no se esperarían los invitados a ver la obra de el Bosco es que aun con la tapa del lado derecho del tríptico por descubrir, si les esperaba una escena aun mucho más expresiva que hiciera acalorar aun más a los ataviados observadores y tuvieran que deshacerse de sus pelucas blancas, capas y hasta corpiños. Intencionalmente, este momento se demoraría un poco para disfrutar de las expresiones de sorpresa, las caras sonrojadas y hasta la ira de algunos invitados que al ver semejante despliegue y taparían sus ojos con las manos dejando unas pequeñas aberturas para contemplar lo que pudiese ser vulgar para una época donde las pinturas y obras deberían reflejar la divinidad no los pecados humanos.
Ahora si y con toda la atención ya en el cuadro, y con la novedad ya disipándose de la obra central, la expectativa estaba en la ultima tapa, la cual se revelaría poco a poco para terminar de disfrutar de las expresiones de los invitados. Ahora, se revelaría una escena casi inesperada y que guardaba similitud con el Jardín de las Delicias, en el sentido del detalle de las figuras y cantidad de micro escenas independientes, pero que se diferenciaba casi del día a la noche, literalmente.
El placer tiene sus consecuencias y esta que se revelaba ante los ojos de los invitados era la representación de lo que le esperaba a los lujuriosos, a aquellos que daban rienda suelta a la satisfacción de los deseos de todo tipo que el ser humano era capaz y parecía no tener limite. De esa misma manera el castigo esperado en el infierno tampoco tendrá un limite y cada minuto de placer era hecho pagar de las maneras más ingeniosas y retorcidas, que solo podrían salir de la mente de un genio como el creador o de una mente pervertida como la del diablo, que en la obra se muestra imperturbable ante el horror que es aplicado a las figuras humanas.

En este punto de revelación, las sonrisas ya se debieron haber borrado de la cara de los invitados y lo más seguro es que algunos se hayan alejado arrepentidos y orando en silencio, sintiéndose culpables por haber dado rienda suelta a su imaginación y por que no, a la excitación que pudo haber causado en alguno de ellos.
De esa forma termina el tríptico, con un mensaje poderoso de lo que les espera a los que dan rienda suelta a sus pasiones y con un Enrique II que sale con su reputación intacta, por que hay unos que dicen que la finalidad del tríptico es mostrar el Jardín de las Delicias sin el compromiso de ser juzgado o señalado de pervertido, ya que las imágenes de el Jardín del Eden y El Infierno dan un carácter celestial y punitivo respectivamente, para salir impune de haber revelado la obra Central, el esplendido Jardín de las Delicias.
El Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch no es solo una obra para observar, sino una experiencia visual que invita a la exploración y al análisis. ¿Qué secretos te revela a ti? ¿Qué símbolos crees que aún no han sido descifrados? Te invito a sumergirte en los detalles y dejar volar tu imaginación: comparte en los comentarios qué parte del tríptico te intriga más o cuál interpretación resuena contigo. ¿Te atrae la inocencia del Paraíso, la exuberancia del Jardín o el misterioso Infierno?

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